Cuando tu peor jefa eres tú
Cuando tu crítica interior convierte un error en catástrofe. Cómo dejar de ser tu peor jefa y gestionar la autocrítica como emprendedora.
Shirly Nowak
Esta semana metí la pata.
Dos veces seguidas.
Error uno: mandé un comunicado antes de tiempo.
Error dos: intenté arreglarlo y lo reprogramé en el canal equivocado.
Fue el tipo de error que, cuando ya llevas una semana emocionalmente a cuadros, se convierte en mucho más que un fallo técnico.
Me quedé mirando la pantalla así 👇
Y no… no podía ser… pero había sido 🤦♀️
El Ruido
Cuando tu peor jefa eres tú
Me quedé mirando la pantalla y antes de que pudiera pensar nada racional, ya había empezado el juicio.
“Ya te equivocaste la primera y has quedado mal. Pero encima vas a arreglarlo y la lías otra vez. Qué inútil eres. Te van a echar.”
Todo eso inundó mi mente en cuestión de segundos.
Lo peor no habían sido esos errores que además eran salvables. Lo peor era la historia que yo estaba construyendo encima de que soy descuidada, de que no estoy a la altura y de que tarde o temprano alguien se dará cuenta.
El caso es que yo venía de una semana difícil a nivel emocional. Y cuando volví a la normalidad mi cuerpo estaba aquí pero mi cabeza seguía aún junto a mi familia.
Eso no es una excusa, es un contexto. Y son diferentes.
Pero mi crítica interior no distingue entre ambas. Para ella, un error es una sentencia. Y una sentencia, prueba de que algo en mí está roto.
¿Te suena? Porque apuesto a que no soy la única que tiene esa jefa interior que nunca, nunca, da el beneficio de la duda.
La Calma
Una decisión que mi crítica interior no quería que tomara
Entre el segundo error y esa espiral mental, hubo un momento en que me paré.
Caí en la cuenta de que si dejaba a mi crítica interior al mando, iba a tomar decisiones desde el miedo. Acabaría haciendo cosas como esconder el error, justificarlo o fingir que no había pasado nada.
Y eso, además de agotador, ya no me representa.
Así que hice lo contrario de lo que me pedía el cuerpo: le expliqué a mi cliente lo que había pasado, con el vértigo de no saber cómo iba a reaccionar.
No fue la seguridad de que todo iba a salir bien la que rompió mi espiral mental, sino la decisión consciente de no dejar que el miedo gestionase la situación por mí.
Verás, mi crítica interior construye catástrofes en segundos. Es muy rápida y muy convincente. Pero las catástrofes que construye casi nunca se parecen a la realidad.
Y mientras yo estaba ocupada viviéndolas en mi cabeza, la realidad era mucho más simple: me había equivocado, podía decirlo, y podía seguir.
Y resulta que cuando lo dije, mi cliente me respondió: “No te preocupes, somos humanas.”
No te cuento esto para prometerte que si te expones todo saldrá bien. Te lo cuento porque lo importante no estaba en su respuesta. Estaba en la decisión que tomé antes de saber cuál iba a ser.
Te toca
Yo esta semana me he expuesto. Te he contado un error — bueno, dos en realidad — y lo que me decía mi mente mientras tanto.
Ahora te pregunto: ¿hay algo que tú llevas cargando sola y no has dicho en voz alta?
No tiene que ser un error. Puede ser que te cueste horrores admitir que no sabes algo delante de una clienta. O que llevas semanas evitando una conversación incómoda. O que el perfeccionismo te tiene paralizada y no se lo has dicho a nadie.
Responde a este email y cuéntamelo. Yo soy una zona segura y practicar aquí, conmigo, es el primer paso para que la próxima vez te resulte un poco menos difícil 💜
Recuerda que el error no nos define. Pero lo que hacemos con él, sí.
Y a veces lo más valiente no es no equivocarse, sino decirlo cuando pasa.
Un abrazo con calma y alma,
PD: A pesar de todo lo que te he contado, el sábado me regalé ir a un festival de swing. Aprendí algún que otro baile, disfruté de varios conciertos y me lo pasé pipa con mi pareja y amigos. Que conste en acta que una también puede tener una semana a cuadros y saber cuidarse 😌
La imperfección no es un problema personal, es una parte natural de existir. — Tara Brach
Un abrazo con calma y alma,
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